Karma, justicia mágica y no hagas a otros...

Creo mucho en el karma. Tal vez no en el karma tal cual lo contempla en Budismo, pero sí creo en una especie de energía cósmica que tarde o temprano se equilibra. O al menos, quiero creerlo.

Me resisto a hacer cosas malas, más allá de, por no causar un daño a otro (lo cual, tal vez sería una motivación más loable) por no causarme un daño a mi misma en el futuro.

Cuando el papá de alguno de mis alumnitos me sacaba de quicio, yo me controlaba siempre y lo trataba con respeto y amabilidad, porque pensaba en que probablemente en ese momento (o en algún otro, es igual) mi primo, el papá de mis adorados sobrinitos, estaría sacando de quicio a la maestra de alguno de ellos. Y yo esperaría que ella fuera paciente con él.

Igual soy amable con los ancianos porque creo que hay un “algo” que promueve que así otros sean amables con mi abuelita. Y espero estar juntando alguna especie de bonos cósmicos para que si llego a anciana, también sean amables conmigo, etc.

También creo mucho en la empatía. Las faltas más simples o las mentiras más insignificantes, nos parecen intrascendentales cuando las cometemos nosotros, pero a veces resultan muy hirientes si nos las hicieran otros. “No vi tu llamada”, “Se me olvidó contarte”, “Te lo pago en cuanto me paguen” etc. Creo que si puedo evitarlo y actúo correctamente, el karma positivo toma nota y archiva para el futuro.

[Eso también tiene relación con una frase que leí en “Fallaste corazón” de Germán dehesa q.e.p.d. y que me gusta mucho “Dios perdona siempre, los padres casi siempre, los amigos con frecuencia, las parejas rara vez y el cuerpo nunca”. Trato de no maltratar mucho mi cuerpo porque, como decía mi maestra Julieta, el cuerpo toma nota y archiva y luego, pasa todas las facturas juntas. Por eso, soy cuidadosa con mi cuerpo, para que luego no tenga mucho que cobrarme]

En fin. Supongo que un poco de este estilo de pensamiento se debe a la influencia de los cuentos de Disney y las telenovelas de Televisa. Donde el malo siempre recibe su merecido y el bien triunfa felizmente. Y en la realidad sabemos que no es así.

La falta de esa “justicia” me desespera a veces. Quisiera poder tener una forma de encarar a las personas y demostrarles que sus malas acciones o sus malas actitudes tienen consecuencias.

¿Te acuerdas que no quisiste ser mi amigo? Y resulta que ahora tengo el mejor contacto que te podría dar justamente ese empleo que tanto deseas.
¿Te acuerdas que no quisiste trabajar en equipo conmigo? Y resulta que gané el Primer lugar en el congreso nacional.

Y también me gustaría que la bola mágica me permitiera mostrarle el futuro a esas personas que en este momento tienen poca fe en lo que estoy haciendo (aquellas personas de las que me importa su opinión, por supuesto) y poder decirles “aguas, porque no estás confiando en mí, no me estás apoyando y mira! En el futuro me va a ir muy bien, esta investigación va a ser un éxito y tu vas a desear haberme apoyado más”.

También me gustaría mostrarles a los que les va a ir mal, que no deben ser tan ufanos y soberbios en este momento, porque no saben cuánto tiempo más la fortuna esté de su lado, o en qué momento van a necesitar el apoyo de otros.

Por ahí leí que “un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”. Y que nunca sabes si en el futuro tú serás ese mismo anodino, solo, pobre, discapacitado o triste al que hoy descalificas.

Adiós Luis!

Creo que iba en 3er semestre de la carrera cuando tuve la suerte de que me tocara Luis Estrevel como maestro. Probablemente haya sido de las materias más difíciles de aprobar, pero sobre todo estoy segura de que fue de las materias más difíciles de entender.

Luis hablaba de temas tan complejos que era difícil llevarle el paso. Nombraba autores de psicología al mismo tiempo que hacía alusión a obras de arte de la época o al cine o costumbres de otras culturas. Uno se la pasaba haciendo notas al margen de los textos con palabras que habría luego que consultar en el diccionario.

Las tutorías eran más enriquecedoras aún. La clase se dividía en 8 periodos de 15min, en los que debíamos entregarle las notas de observación. La clase estaba agendada de 7am a 9am y eso significaba que comenzaba a las 7 en punto. En toda la carrera sólo tuve 2 maestros que verdaderamente daban clase a esa hora. Los 2 mejores que tuve, debo decir.

Para mi mala suerte me tocó justo el turno de las 7am, así que los viernes eran días de madrugar para llegar a tiempo, pues a las 7:05 ya no te recibía. Revisaba mis notas en 5min. Y pasábamos el resto del tiempo platicando de todo. Luis era un excelente conversador. Me recomendó las mejores operas, los mejores pintores, los mejores paseos por la ciudad de México, las mejores artesanías, los mejores análisis de las obras las hice en su clase. El mejor cine!

Aprendí mucho de psicología en su clase. De autores y de conceptos. Pero tal vez eso está de más porque finalmente ese era el objetivo del curso. Eso es lo que le tocaba enseñar a un buen maestro. Lo mejor es todo lo que aprendí con él de todos los demás temas!

Luis, como pocos profesores, no estaba interesado en los títulos ni en las jerarquías. Pedía que todos los llamáramos simplemente Luis (que no Benjamín, porque su segundo nombre no le gustaba). Luego de unas sesiones uno ya conocía también su vida y era fácil considerarse su amigo. Y estimarlo.

No tan fácil sería hacer una lista de cosas que aprendí con él. Lo que tengo claro es que con frecuencia me encuentro en mi práctica profesional o en la vida diaria, con situaciones que me recuerdan algo que él me enseñó.

Si yo tuviera que elegir 3 maestros de los que más aprendí en mi paso por la facultad, Luis Estrevel definitivamente seria uno.

Yo salí de la carrera hace ya casi 6 años, y no sé cuándo fue la última vez que saludé a Luis. Probablemente hace un año. Pero antes de esa última vez, recuerdo otra, cuando fui a la facultad a buscar a uno de mis maestros y pasé a buscarlo a su cubículo. Me lo encontré llegando y platicamos un poco de las novedades. Le conté que acababa de ganar el premio en el congreso nacional y él dijo “Felicidades! ¿Qué sigue?” me pareció tan significativo… así era él. Los honores no eran tan importantes como los logros, y más allá de los logros, las metas, los retos. Cero mediocre.

Ayer por casualidad, vi en Facebook un status de una ex compañera de trabajo en el kínder. Era una despedida a un GRAN MAESTRO y como somos egresadas de la misma facultad pregunté quién murió. Luis.

Mi primera reacción fue llamarle a un amigo en común para confirmar la noticia, porque no lo podía creer. Luego usar la red para buscar datos. Rápidamente di con el velatorio y llamé pero ya no daba tiempo de llegar, ya estaban saliendo al crematorio.

Y entonces lo único que resta es esperar algún tipo de ceremonia en la facultad para poder ir a rendirle tributo. Ojalá se pudiera hacer algo más. Ojalá Luis se haya ido sabiendo la gran huella que dejó en quienes lo conocimos.

Cuando le dí la noticia a una amiga me dijo “Por él yo aprendí a hacer observación!”. Más tarde seguí buscando y en twitter encontré a algunos de sus alumnos rindiéndole honores con el hastag #LoAprendiDeEstrevel con frases entrecomilladas:

"En la medida en que le damos un orden al mundo, podemos construirlo, manejarlo y actuar en él"
"La diferencia siempre es un reto a mi identidad, el otro hace relativo lo que somos"
"Mi identidad es tan débil, que debo eliminar la diferencia para no sentirme tan relativo"
"Lo importante no es pensar al mundo, sino transformarlo a través de lo que hacemos"
"El niño sólo sabe vivir su infancia, conocerla es asunto del adulto"
"Yo también puedo funcionar como el otro, cuando hablo conmigo mismo"
"El medio sociocultural no nos orienta, pero nos limita"
"El kosmos (orden) requiere del kaos para continuar"
"Pese a lo que nos pese, nos construimos a partir del otro"
"La poiesis sólo existe cuando entra en acción con otra poiesis, dado que no podemos negar la capacidad creativa de los otros"
"Nada es social si no está instituido"
"Los niños no juegan, aprenden"

Me gustó esa reacción. Me gustó que su huella sea tal que la gente lo recuerde a través de lo que aprendieron de él. Como una manera de agradecimiento. Y también me gusta que aunque su muerte nos causó conmoción y tristeza, por ahí leí que no fui la única que pensó en que Luis está mejor en donde esté porque por fin pudo reencontrarse con su gran amor, de quien todos los días lloraba su muerte. Qué bueno que por fin se reencontraron y ojalá allá donde estén sean otra vez muy felices!

Me gusta la frase de Benjamín Franklin: “Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse”. Bueno, creo que Luis puede estar seguro de que el olvido es algo que no le pasará a él.

DEP Luis Benjamín Estrevel Rivera! Fue un honor haberte conocido.