De cuando me di cuenta de que no era dios

No se si a todos les pase, a mi me pasó. Hace un año entré a trabajar en ese puesto que siempre quise, donde toda mi vida me imaginé estar, en el sitio para el que me estuve preparando por 6 años y luego de un mes me di cuenta de que no servía para nada.

Mucha escuela, mucha teoría, mucha técnica e incluso mucha tecnología, pero todo eso no sirve cuando se trabaja en un hospital. Yo soñaba con ese trabajo y bastaron unos días para darme cuenta de que el cargo era un engaño. No es cierto que fuéramos Psicólogas encargadas de Calidad de vida en pacientes blablabla. No. Desde el día en que entré no hice otra cosa que atender moribundos. No era yo una Psicóloga de vida, pues, era una Psicóloga de muerte. Me la pasé ayudando no a bien vivir sino a bien morir y es terrible darse cuenta de eso.

De pronto uno se da cuenta de que NO ES DIOS. Y no, no es obvio.

No es que uno antes de eso se sintiera dios, sino que uno cree, piensa, siente, que si posee todas las ganas, todo el conocimiento y todos los avances tecnológicos, ya la tiene ganada. Ves a la familia del paciente angustiadísima y de manera inconsciente (a lo mejor como mecanismo de defensa) uno piensa: "Yo se hacer mi trabajo, aquí está el medicamento, los médicos saben hacer su trabajo, sabemos que el tratamiento es el indicado, tenemos los instrumentos necesarios y sobre todo tenemos compromiso y voluntad ¿Qué puede salir mal? Nada!". Y al día siguiente estás mandando a unos acongojados padres de regreso a su pueblo con su hijo en una caja de madera. Y entras en crisis y reniegas y no te explicas cómo es que las cosas salen mal cuando está todo dispuesto para que salgan bien! Y te das cuenta de que no eres dios.

Cuando él se fue, yo no creí que fuera a regresar, no había motivos o al menos yo no creí que los hubiera de su parte. Y a lo mejor el tampoco pensaba hacerlo, pero luego debe haber encontrado motivos, porque regresó la noche en que pasó por esa crisis. Algo le hizo pensar que yo sabría entenderlo, consolarlo, apoyarlo. En aquel momento yo no tenía aún experiencia y no ‘sabía’ lo que él trataba de comunicarme, pero lo intuí e hice mi mejor esfuerzo. Ahora ya ni se si lo hice bien, creo que me quedé muy corta.

Es una sensación de frustración, pero ajena a la arrogancia. No es que uno se sienta dios, es más bien como que uno siente en el fondo la duda de si pudo haber hecho algo de manera distinta o de si no está cumpliendo adecuadamente con su función. En mi caso es la duda de si estoy siendo un buen instrumento de

Hay algo, un dios, un cosmos, una fuerza suprema, un destino, yo que sé. Hay algo que dispone que las cosas salgan contrarias a como todos desean aún a pesar de todos los esfuerzos. Me imagino que eso pasa en todos lados. O a lo mejor no y en otro tipo de trabajo hay procesos de producción que bien controlados no fallan, no lo sé. Lo que se es que en mi área de trabajo el factor más importante nunca está sujeto a control, por eso hay tanta angustia.

Por eso los problemas externos me parecen menores cuando el factor de solución si está en manos de alguien, cuando si es susceptible de control. Siempre pienso ‘preocúpate cuando no puedas hacer nada más que dejarte llevar’. A veces visualizo el hospital así, como que todos vamos remando con muchas ganas, médicos, enfermeras, personal, familiares y pacientes, todos. Y en el fondo todos sabemos que aunque rememos, quien sabe para donde nos está llevando la corriente.

Pensé en esto hoy porque al leer esta columna de Pérez-Reverte, recordé un episodio igual que viví en la primavera de 2004. Yo llamé Pepe a mi pichoncito, y cuando murió sentí esa misma impotencia de saber que como humanos hemos desarrollado un montón de cosas para negarnos a la muerte, para cuidarnos de ella, para retrasarla, para tratar de evitarla… para engañarnos pues. Porque la muerte es inevitable y no está en nuestras manos su control.




Yo tenía un amigo que cuando se compró una motocicleta decía ante las advertencias de quienes le pedíamos que no corriera “Bueno si me pasa algo me llevan al hospital, me reparan y ya. Para algo deben servir los médicos, no?”. Que utópico, que bonito autoengaño. Ojalá fuera así de fácil.

O mejor no, porque el día que el ser humano consiga controlar la muerte, entonces si esto se va a poner de la patada y va a perder todo el encanto.